domingo, 16 de octubre de 2005
Esperanzas
Estaba hace un rato buscando fotos y me he encontrado con ésta, que oficialmente es la última de este verano. La hice en la famosa Área 175 (los que utilicen el AutoRes sabrán lo que digo), camino de Madrid.
El Sol brillando... el cielo azul... las nubes dispersas, viajando con destino desconocido.
Es una foto a contraluz que me encanta. Es una foto con energía. Es una foto con vida, llena de luz, color y energía. Invita al optimisto.
Me inspira seguridad y fuerza contemplarla. Me hace gracia contemplarla, porque me he tirado una hora haciéndolo antes de colgarla aquí. De hecho la he impreso, la he ampliado y ahora la tengo encima del televisor, para recordarme lo que yo necesito ahora.
Llevo quince días, mañana realmente serán esos 15 días, pensando que puedo hacerlo. Supongo que podré, pero miro a mi alrededor
y me doy cuenta que en cierto modo me engaño a mí misma. Me doy cuenta lo que lo haré a medias, como siempre.
Estoy acostumbrada a tener que saltar una y otra valla, a tener que bordear obstáculos todo el tiempo. Puedo hacerlo por todos que ven que no pueden y siempre puedo tirar de ellos.
Hoy me he levantado sorprendemente temprano (a las once) y me decidí estrenar mis pantalones de orientación, que compré antes del verano y que me da que no utilizaré hasta noviembre.
He cogido el casco, mi bote de bebida y mi mochila y he cogido la bicicleta por vez primera en 15 días.
Por fin llego al parque de Invierno, me pongo el casco, ni siquiera había llegado al comienzo de la Senda cuando me he estampado contra el suelo (en los que en décimas de segundo he tenido que decidir si me mataba en el asfalto o me ensuciaba en el barrizal que era el borde). Me he puesto de barro hasta arriba y mis estrenados pantalones echos un basilisco. Todos mirando y nadie se le ha ocurrido atenderme. Lo cual me ha dado que pensar.
Total que he vuelto a poner la cadena en su sitio, he quitado la hoja causante del estropicio (se me coló por los frenos, por eso no funcionaron) y me volví a montar más chula que un ocho.
Según avanzaba, pensaba (riéndome a carcajada limpia) qué pensarían la gente que dejaba atrás sobre mi guisa llena de barro (estoy acostumbrada, por la orientación) hasta que llegué a la Manjoya y como era temprano me dije... por fin el primer día que estoy sola así que voy a ir hasta donde me canse y ya daré la vuelta. Total que cuando me doy cuenta me hago (ida y vuelta) 3 kilómetros. No cabe decir que he dormido una siesta de áupa.
Sin embargo, a la tarde me encontrado con un par de noticias que me han obligado a centrarme en la foto para decirme Cris... ¡tienes que tirar del carro!
Está claro que sigo en la orilla. Una parte de mí sigue en esa orilla. Sigo sufriendo por cuatro personas, especialmente una de ellas a quien quiero como a un hermano. Hace tres semanas casi cometo una "estupidez" en palabras de quien sabe de lo que hablo, y que en parte precipitó mi situación. Pero... tal y como veo la situación ahora mismo, no estoy segura y ni puedo prometer de que realmente no vuelva a cometerla. Voy a ver cómo se desarrollan los acontecimientos en las próximas 48 horas.
De momento, intentaré concentrarme en lo que me inspira la foto y a esperar.
Esperar que la esperanza sea algo y que haya algo más allá del abismo.
Haber si por un casual encuentro el Sol de la armonía y, mientras tanto, intento mantener la fe en la foto.
